lunes, 9 de abril de 2012

LOS JUGUETES






¿De dónde nos viene este artefacto pequeño, sencillo y hermoso que nos distrae, divierte y estimula nuestro ingenio?

Es difícil precisar de dónde viene y cómo ha llegado a las manos de los niños este lúdico artefacto que parece más bien caído del cielo o regalado por un ser extraño.
Sin embargo, hay quienes cuentan que es muy antiguo. Tan antiguo como el mismo hombre y que, claro, tal vez algún niño primitivo tuvo primero que ver con él. Un párvulo milenario que quiso imitar la actividad de su padre recolector, pescador, cazador y guerrero. Pensamos que tuvo que ser así y lo deducimos porque entre los restos de antiguas ciudades desaparecidas, los arqueólogos que son investigadores de las culturas sepultadas por el tiempo, han encontrado pequeños animales de terracota (figura de barro cocido), bronce y plomo, que son muestras de una verdadera artesanía para el divertimento. También en los sarcófagos egipcios de hace unos 3 mil años han aparecido trompos y muñecos, juguetes para nosotros tan comunes.
La sonriente muñeca, reina de la casa, objeto del amor y la ternura infantil, y el trompo, cuyo cordel gira una espiral de fantasía en el mundo de los niños. El trompo que baila. El trompo que canta. El trompo que rota. El trompo que rueda calle abajo marcando su destino.
Los juguetes pasan por todos los tiempos y edades y cada vez hay más y distintos. Infinidades, en su afán de imitar la realidad práctica y heroica del hombre. Y así como hay juguetes buenos, por su calidad y orientación, los hay distintos e inconvenientes. Preferible es para el niño aquel juguete que lo instruya, que lo ejercite en una tarea creadora y desarrolle su sentido de observación y de inventiva.

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