martes, 17 de abril de 2012

CARNAVAL DE EL CALLAO

Verdadero señuelo que atrae gente desde más allá del Orinoco
El oro, la sencillez y color de la piel de su gente no es sólo la característica más evidente de El Callao, pueblo enclavado en el Sur de Guayana. Lo es también su música de percusión con reminiscencias ancestrales, sus comparsas vistosas y llenas de colorido, moviéndose  al ritmo de los tambores, del bumbac, el rallo y la campanilla, bullendo de pasión y alegría por las estrechas calles del poblado.
Ambacailá, Blody Man Down a golpe de Calipso van cantando las comparsas, antes,  de la Negra Isidora, del negro Kenton y de Carlos Small, hoy, de sus sucesores, otras generaciones que la tradición va renovando,
A la percusión del steel band, se suman las cuerdas del cuatro, de la bandola y el sonido chascoso de las maracas.
En el Callao la danza y la música tienen sabor propio y es igual en  Carnaval, en la Navidad y Año Nuevo, en los días patronales de Nuestra Señora del Carmen o cuando llega un personaje muy importante, pero es sin duda durante los carnavales cuando El Callao se transforma en señuelo nacional.
Desde todos los ángulos de la Guayana y desde más allá del Orinoco viene gente a bailar el Calipso merengado, a cantar el ambaicalá y  saborear el domplín, el calalú, el acroe, el banán pilé y el yinyabié.
Entre tragos y tragos de mabí se canta el ambaicalá de la Negra Isidora por todas las calles, que por angostas nunca han dejado de ser largas para que las comparsas, llámense “Los Exóticos” o “Los Vikingos”, hasta de 300 personas cada una, se desenvuelvan con rapidez y soltura.
En el Callao la música y la danza son contagiosas y frenéticas y cuando se desbordan, y llegan a su punto más vibrante, todo el mundo pareciera conmutarse. Entonces el baile es un espectáculo, una propia locura de Carnaval en la que quedan envueltos desde niños hasta ancianos, siguiendo a la  guía principal de las comparsas.
   



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