lunes, 9 de abril de 2012

EL COMETA O VOLADOR

Mucho antes de la venida de Jesús ya el Cometa, Volador o Papagayo era una fiesta en el cielo de cada pueblo

  Este liviano y vistoso artefacto que surcaba los cielos de cada pueblo nuestro, llenando a los niños de una alegría inmensa, es el tradicional cometa o volador que nos viene desde tiempos muy remotos, mucho antes de la venida de Jesucristo.
Dicen los Italianos que un paisano suyo de nombre Aquitas  lo inventó allá en un pueblo junto al mar llamado Tarento.  Aquitas de Tarento nació 430 años antes de Jesucristo y figura como uno de los sabios notables del helenismo. Sin embargo, los chinos atribuyen la invención del cometa, papagayo o volador a un antiguo guerrero de nombre Han Sin, quien lo concibió con fines bélicos, también mucho antes de la venida de Jesús.
Lo cierto es que los cometas han sido utilizados no sólo por los guerreros, sino por la ciencia en las observaciones meteorológicas y, antiguamente, por los ingenieros en la construcción de puentes. Franklin lo empleó para cerciorarse de que la electricidad y el rayo son una misma cosa. Pero después que los aerostatos volaron, y también los aeroplanos y otros artefactos más técnicos y complicados, los humildes pintorescos cometas perdieron un tanto su utilidad científica y quedaron reducidos a la esfera de los niños que hicieron de ellos sus juegos preferidos.
En los países orientales como China, Japón y Corea, el juego de remontar los cometas es tradición arraigada desde los tiempos más lejanos; inclusive se conecta con leyendas, como aquella según la cual aleja los malos espíritus. Los chinos le consagran el noveno día del noveno mes de cada año, y los japoneses durante el festival infantil que se celebra el 5 de mayo, lanzan sus cometas de las formas y colores más variados.
En Venezuela el arte y la afición de elevar cometas nos vienen desde la Colonia, al igual que en otros países de la América Latina como México y Cuba, donde nuestro tradicional volador recibe el nombre bonachón de “Papalote”.
En nuestro país, además de cometa y volador, también se le dice “Papagayo” y “barrilete” y los hay de formas múltiples representando peces, pájaros, mariposas, murciélagos, mujeres y hasta instrumentos musicales, provistos de una cola larga y una lengüeta de papel tras la trompeta que vibra con el viento.
El tráfico de la ciudad moderna, los postes y tendidos del alumbrado eléctrico prácticamente han acabado con el cometa. También los aviones que vienen siendo grandes e invencibles competidores.
La emoción del papagayo prácticamente se ha perdido y solamente de él está quedando el recuerdo o la vivencia trasladada a los libros, como esta de Juan Rulfo, en “Pedro Páramo”:
Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes, cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento.
“Ayúdame Susana”. Y unas manos suaves  apresaban  nuestras manos. “Suéltame más hilo.
El aire nos hacía reír, juntaba la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de algún pájaro. Y allá arriba, el pájaro de papel caía en maromas arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra.    

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