jueves, 26 de abril de 2012

INVITACION



Los invito, queridos amigos, a pasar unos días en Guayana que ha deslumbrado al mundo durante más de 400 años. Es una tierra inmensa, la más inmensa, llena de selva  y con árboles tan grandes que parecen rozar el cielo y donde los pájaros de todos los cantos y colores prefieren detener su vuelo porque se sienten felices de estar siempre todo el tiempo sobre las copas.
Tierra del sur dominada por los ríos más caudalosos y torrentoso de Venezuela. Unas altiplanicies labradas por el tiempo llamadas tepuyes  desde donde también brotan cataratas que saltan como ángeles. Tierra de magia donde la luz y el agua juegan la guacamaya pintada de arcoiris. Tierra de lagos y lagunas como Canaima alimentada por cascadas, con arenas doradas y morichales sumergidos; como Gurí, ola magnética y rugientes desafiando con su fuerza descomunal la claridad del día.
Tierra del oro, del hierro y del diamante, de aguas corriendo sobre lechos de jaspe, de arcilla de variadísimos ocres. Tierra donde se forja el acero con el cual se construye la nueva Venezuela.
Tierra de fuego y alma, donde la gente se desvive, trabaja y canta a garganta limpia como el negro juglar Alejandro Vargas de Ciudad Bolívar, o como la negra Isidora  de El Callao, reminiscencia antillana que baila calípso con cuatro y tambor, rallo y bunbac. Donde la gente come domplin, el calolú, el banán  pilé y el yinyabie después de bregar los túneles en busca del oro que huye de la claridad del sol.
Tierra de Ciudad Bolivar, la vieja Angostura, de donde la historia se nos mete por los ojos con sus casas escalonadas sobre cerros que miran las toninas que pasan por el Orinoco. Casas altas de azoteas y grandes ventanales como la de San Isidro donde vivió Bolívar, la del Congreso de Angostura donde habló de libertad y la del Correo del Orinoco desde cuyas páginas combatió el vasallaje colonial.
Guayana es, amigos, una inconmensurable isla rodeada de mar, de río y de selva, con una Catedral  airosa y una torre debajo de la cual cayó Manuel Piar con la esclavina rota y donde sepultado está Monseñor García  Mohedano, el prelado que introdujo el café en la provincia de Caracas.

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