miércoles, 4 de abril de 2012

EL PATRIARCA ABRAHAM




Sometido a una bíblica y ejemplar prueba de obediencia

Y Abraham fue, decidido a ofrecer a Dios en holocausto el cuerpo inerme de Isaac, su hijo.
Y hasta el último momento esperó en el colmo de su angustia una voz que no llegaba, pero que al fin resonó como trueno en el silencio insondable de su espíritu.
Abraham había caminado despacio hasta la roca apretando su puño en el collado marcado con el nombre de su estirpe, e Isaac iba a su lado resignado e inocente a la voluntad del Padre.
Las ruinas de Sodoma acabaron de convencer a Abraham, quien en el primer instante hubo de dudar de la voz insólita de Dios. Y recordó a Lot y a su mujer convertida en estatua de sal cuando camino de la salvación desobedeció al Señor por mirar atrás el resplandor de la ciudad que ardía bajo el fuego purificador.
Y Abraham dijo: “Hay que obedecer a Dios, porque entre mí y él existe una alianza concebida”
            Y se fue al monte para sacrificar una res para su Dios y su hijo Isaac que no veía la res por ningún lado intuyo que sería él el sacrificado, pero Dios le dijo a Abraham cuando ya alzaba el arma contra su hijo: “No extiendas la mano armada hasta tu hijo, ya sé que eres obediente de Dios y en premio a tu fidelidad extiendo bajo tus pies este mundo para que crezca la nobleza de tu estirpe.










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