miércoles, 11 de abril de 2012

EL OLOR DE LA SARRAPIA


Internarse en la selva del Caura conlleva riesgos retribuidos con el delicioso olor de la cumarina


La sarrapia, árbol que logra alcanzar una altura hasta de 30 metros y al cual algunos conglomerados de la Guayana adentro conocen con el nombre de “Yape”, produce una almendra aromática utilizada desde principios de siglo en la industria de la perfumería y la tabacalería.
Este árbol corpulento y de espesa fronda es, al parecer, autóctono de la Guayana y se localiza en las regiones del bajo y medio Caura, especialmente en las llamadas filas de Guayopo, Suapure, Hilaria, Monte Oscuro Pastora, Chiveta, El Caballo y el Manteco.
Hacia esos lugares de la selva Orinoqueña solían desplazarse en épocas pesadas centenares de sarrapieros procedentes de Ciudad Bolívar, San Félix, y sur de Anzoátegui, Guárico y Monagas, para recolectar la cosecha silvestre de los primeros meses del año, que es cuando el fruto madura y cae del árbol espontáneamente o porque lo tumban las aves y los monos.
Esos desplazamientos  de  sarrapieros no es posible observarlos ahora porque la sarrapia, por efectos de la competencia y el hallazgo de suplantaciones químicas dentro del avance tecnológico y científico, han perdido valor en los mercados internacionales, y lo que se paga por el fruto no logra cubrir los gastos de recolección que son de por si penosos y costosos.
De acuerdo con lo que se ha escrito de la sarrapia  y suelen  contar viejos recolectores de Ciudad Bolivar, un árbol puede producir, en condiciones óptimas, una cosecha hasta de 46 kilogramos de fruto. Una vez que mediante un procedimiento doméstico y empírico se extrae la almendra o semilla del fruto, ésta se expone al Sol bajo algunas precauciones. Cuando la almendra adquiere ciertas arrugas y color a causa de la desecación, se ensaca y transporta a los centros de recepción y comercio donde es sometida a un procedimiento de cristalización que permite la conservación de la almendra por largo tiempo, por lo menos hasta que llegue a la industria que la requiere para aprovechar la cumarina, fuente de ese aroma que nos viene tan agradablemente en los perfumes  y condenados cigarrillos de nuestros días.



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