lunes, 23 de abril de 2012

GALERIAS SUBTERRANEAS


¿Está el antiguo casco de Angostura atravesado por túneles o se trata de una leyenda como la hidra de siete cabezas que mora bajo  la Piedra del Medio?

Fuera de las galerías subterráneas que corresponden  a fenómenos telúricos estructurales y geomorfológicos muy antiguos como las simas de Sarisariñama y Jawa en el Alto Caura o las de la  meseta del  Guaniquinima en el Alto Paragua, las hay hechas por el hombre para establecer una comunicación a través de una montaña como ocurre en la autopista Caracas a La Guaira, por debajo de un río como el construido bajo Támesis o por debajo del mar como el realizado para establecer una línea férrea entre Inglaterra y Francia.
Según las voces que se oyen desde el pasado, los hispanos, alertas siempre contra las invasiones, primero de corsarios o piratas y luego de las organizadas por los criollos deseosos de emanciparse de la Real Corona de España, habrían construido túneles por debajo del peñón angostureño  para llenar una necesidad de seguridad y escape en caso de emergencia.
Se hablaba de un túnel que comunicaba el Almacén de pólvora o Santabárbara, frente al Cuartel del Capitolio, hasta la Plaza Mayor y de aquí  al Puerto de Los Cocos. Asimismo, de profundos sótanos para escondite en ciertos inmuebles del centro urbano y de túneles con trampas donde habrían caído algunos desprevenidos.
El arquitecto Rubén Aguirre estuvo en los años setenta investigando la existencia de esos túneles o galerías subterráneas que habrían sido sellados a comienzos de siglo debido al peligro que entrañaban. Muchos escépticos creen que se trata de un invento o leyenda alimentada por la fantasía novelesca, similar a la que se ha venido tejiendo con relación a una hidra de siete cabezas que mora debajo de la Piedra del Medio. El arquitecto recogió información como para intentar un plano con fines exploratorios.
Donde de veras existen túneles, hechos por mineros a fuerza de ploga, barra y dinamita, en seguimiento de las ricas vetas auríferas, es en El Callao. Alrededor de medio centenar de túneles pasa sin cruzarse por debajo de las típicas y livianas viviendas del pueblo.
Galerías subterráneas bastante profundas comunican  un poblado con otro y tienen longitudes hasta de cinco kilómetro como en el caso del túnel que comunica a El Callao con el campamento minero El Perú.
Las ocho mil almas que habitan en aquel valle circundado por colinas preñadas de material aurífero, al lado de un río pedregoso, el Yuruari, cruzado por un puente de hierro, no manifiestan temor por estos largos vacíos subterráneos donde mora como un arcano El Dorado que jamás pudieron encontrar los conquistadores hispanos.


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