miércoles, 4 de abril de 2012

LA ESTAMPILLA

Viaja por el mundo entero sobre el ingenio de Rowland Hill

            Antiguamente, por lo menos hasta que apareció en Inglaterra la primera estampilla, las cartas eran enviadas y llegaban a cualquier parte de la tierra sin ese distintivo que ahora solemos adherirle. Bastaban solamente el nombre y la dirección del destinatario y del remitente. El valor del Correo lo pagaba en dinero constante y sonante el destinatario directamente al cartero una vez que éste entregaba la carta. Pero ocurría que a veces no había  dinero y esto originaba demoras, angustias y carreras.
Un buen día, el maestro de Escuela Rowland Hill se vio en aprietos cuando no tenía dinero para el cartero y pensó que este sistema era imperfecto y debía ser superado, de manera que ideó la forma de lo que es hoy la estampilla, llamada también timbre fiscal o sello postal, inmediatamente aceptada entonces por el gobierno británico. Hill elaboró el proyecto de reforma postal el 13 de febrero de 1837 basado en la unificación de las tasas. En 1839, la Reina Victoria de Inglaterra aprobó la reforma y el 13 de mayo de 1840 apareció la primera estampilla emitida en el mundo.  La diseñó el propio Hill, la dibujó Enrique Corbould, la grabó Federick Heath y la impresión fue hecha en la casa londinense Parkins Bacon  Petch. Presentaba en perfil  el rostro de la Reina Victoria y costaba un penique. La idea de Hill solucionó el problema Universal de franqueo de las cartas y dio lugar a la colección de estampillas o filatelia, actividad ésta que se ha extendido en el mundo entre todas las clases sociales.
            El primer país de América en adoptar la estampilla fue Brasil en 1843 y le siguieron posteriormente los Estados Unidos en 1847, Chile en 1853, México y Uruguay en 1856, Perú un año mas tarde, Argentina en 1858 y Colombia y Venezuela en 1859.
            El decreto de la primera emisión de estampillas de Venezuela en 1859 está firmado por el entonces Presidente de la República, general Julián Castro y en una de sus partes expresa lo siguiente: “A fin de que los particulares puedan franquear su correspondencia en sus propias casas se imprimirán estampillas rectangulares de seis líneas de ancho por nueve da largo en un papel adecuado y con todas las precauciones posibles para que no sean falsificadas, llevando en su centro las Armas de la República, en la parte superior la inscripción “Correos de Venezuela”; y en la inferior el valor de   ½ real y de 2 reales y en la impresión de cada una de ellas se empleará un color diferente”.
            Hoy en día gracias a la idea del ingenioso maestro Rowland Hill es posible acercar la humanidad a través de la facilidad de la estampilla, la cual permite que las cartas viajen sin contratiempo  y sin tener el destinatario que pasar apuros económicos. La estampilla, además es una industria que de por sí favorece al erario público, alimenta la afición de la filatelia y exalta los valores históricos, artísticos, culturales, sociales deportivos e institucionales de las naciones pues sus diseños se realizan dentro de esa línea para homenajear hechos de relevancia nacional o internacional.
             

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