miércoles, 28 de marzo de 2012

MARTIRES Y HEROINAS VENEZOLANAS


           
Son todas las que padecieron la larga y cruenta guerra de Independencia, pero entre ellas con mayor autenticidad las que asumieron posiciones extremas ante el enemigo

No sólo los hombres lucharon en la guerra de la emancipación venezolana.  También a su manera, pero con igual fervor patriótico, las mujeres, llegando muchas de ellas por su comportamiento y acción al martirio y al heroísmo.
            Absorbida plenamente por el proceso independentista, la mujer estuvo presente, alerta y activa en los momentos difíciles, sobresalientemente, las esposas, novias o amigas de los oficiales patriotas.  Contra ellas los realistas en armas no cesaron en descargar la furia de su impotencia.
            Jesefa Joaquina Sánchez, guaireña, esposa de José María España, sufrió privación de sus derechos.  Estuvo prisionera durante ocho años y confinada finalmente en un lugar distante de su suelo natal, por inducir al levantamiento de esclavos y negarse a delatar a su esposo que al final morirá colgado en la Plaza de Caracas.
            Eulalia Ramos Sánchez, erróneamente llamada Eulalia Buroz, nativa de Tacarigua de Mamporal, esposa del coronel Chamberlain, edecán de Bolívar, prefirió el suicidio y ser arrastrada a la cola de un caballo, antes que aceptar la propuesta de un oficial realista en la Casa Fuerte (1816), de salvarle la vida si decía ante el cuerpo fusilado de su marido:  “Viva España, mueran los patriotas”.
            Luisa Cáceres, caraqueña, esposa del general margariteño Juan Bautista Arismendi, presa en el Castillo de Santa Rosa, días antes de dar a luz, y expulsada a España tras negarse a delatar a su esposo.
Juana Ramírez, humilde mujer de Chaguaramas que se ganaba la vida lavando ropas, se puso a la cabeza de un grupo de mujeres de su temple  para curar las heridas de los caídos durante la Batalla de Maturín en 1813.  Al final cavó trincheras y disparó los cañones que abandonaron los artilleros muertos.
Teresa  Heredia, nacida en Villa de Ospino en 1787, costurera bella y  atractiva, presa y expulsada del país por servir de correo a los patriotas, pero antes el  gobernador  de Valencia, la desnudó, baño en miel, la emplumó y luego la hizo pasear por las calles de la ciudad.
            Ana María Campos, zuliana de los puertos de Altagracia, sucumbió bajo el látigo de un negro africano, mientras desnuda iba sobre un burro por las calles de la ciudad.  Fue el castigo que le impuso el capitán Francisco Tomás Morales, gobernador realista de Maracaibo, por permitir reuniones clandestinas de los patriotas en su casa y decirle en su propia cara al gobernante:  “Si Morales no capitula, monda”.  Es decir si no abandonas la ciudad de todas maneras estarás perdido.
            Cecilia Mujica, de San Felipe, El Fuerte, en 1813 fue colgada de la rama de un zunzun en el camino de Cocorote, por pertenecer junto con su prometido Henrique de Villalonga  a  un  Comité  Revolucionario.  Antes  de   morir envió  a  su  novio, también prisionero, una  madeja  de sus cabellos  y  el  anillo de  compromiso  con  este  mensaje:  “...te he devuelto esta joya, contrato de nuestras nupcias para que la conserves como el último recuerdo de la mujer que no tiene la fortuna de ir a tus brazos, pero sí la gloria de inmolarse por la libertad de nuestra patria”.
            Consuelo Fernández, nativa de Villa de Cura, murió a los 17 años abrazada junto con su anciano padre, bajo descarga de fusilería, por ser patriota activa y resistirse al matrimonio con un oficial realista de la plaza que había pedido su mano (1814).
Luisa Arrambide, guaireña, cortejada pro Bolívar, dio cabida en su casa a las tertulias de los patriotas e intelectuales caraqueños  que conspiraban contra el sistema colonial y ello le costo la humillación y la tortura.  En la que es Plaza Capuchinos de Caracas, fue desnudada y montada en lo alto de un cañón y flagelada con horrible sadismo.  Exiliada después murió  a los 28 años en Puerto Rico.
Josefa Camejo, falconiana, sobrina de Monseñor  Talavera y Garcés, Obispo de la Diócesis de Guayana, se puso al frente de 300 esclavos para intentar desalojar a los realistas de Coro y el 3 de marzo de 1821 le tocó leer el manifiesto que declaraba libre la Provincia de Falcón.
            María del Carmen Ramírez, trujillana, que puso a disposición de la causa de independencia todos sus bienes y fortuna.  En una de sus casas se reunió el Congreso del Rosario de Cúcuta una vez que dejó de funcionar en Angostura. Fue prisionera de los realistas en Bailadores y rescatada más tarde por un piquete de Caballería enviado por el Libertador desde Pamplona.

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