viernes, 30 de marzo de 2012

MAESTROS DEL NIÑO SIMON


El Padre Andújar, Negrete, Miguel José Sanz Andrés Belló y Simón Rodríguez

            Para la época de Simón Bolivar, niño, la educación pública en  Caracas, que tendría unos 18 mil habitantes, era pobre al igual que en el resto de las provincias. Sin embargo, existía una Escuela Municipal de primeras letras y un seminario, el Santa Rosa, que luego fue transformado en la Universidad Pontificia. En el Seminario dictaban clases de primaria el padre capuchino aragonés Francisco Andújar y el Padre Negrete, quienes enseñaron las primeras letras al niño Simón.
            Bolívar también asistió a la Escuela Municipal y allí estudió bajo la guía de los maestros Guillermo Pelgrón y don Simón Rodríguez. Este último llegaría a ejercer una afinada influencia en la formación del muchacho.
            Don Andrés Bello le dio clases particulares y de esto da testimonio el propio Bolívar en una carta enviada a Santander en la que cuenta pasajes de su infancia: “Mi madre y tutores hicieron lo posible para que yo aprendiese; me buscaron maestros de primer orden en mi país. Robinson (seudónimo de Simón Rodríguez) que usted conoce fue mi maestro de primeras letras; gramática, bellas artes y geografía, nuestro famoso Bello”.
            Miguel José Sanz, jurisconsulto, filósofo, político y literato valenciano, llamado el “Licurgo Venezolano” y quien murió decapitado en Maturín (1814) por los realistas, fue asimismo maestro de Bolívar mientras éste vivió en su casa durante dos años. Sanz era entonces administrador de una rica herencia legada al joven Bolívar por su pariente don Félix Aristiguieta.
            Don Simón Rodríguez era amanuense de Feliciano Palacios, abuelo materno de Bolívar y en la casa de éste posiblemente comenzó ese trato o relación providencial entre el maestro y el niño. Pero va mucho más allá ese trato cuando Bolívar se hace alumno suyo en la Escuela Municipal y más tarde - tenía 12 años y era totalmente huérfano - cuando con motivo de un grave incidente surgido con uno de sus tíos, fue confiado por la Municipalidad a Rodríguez, quien lo aceptó como interno en su casa por un tiempo.
            Bolívar se las llevó siempre muy bien con su Maestro Simón Rodríguez, quizá, por la forma diferente como éste enseñaba. El maestro Rodríguez siempre estuvo en desacuerdo con las normas tradicionales de la enseñanza. Él era amable en su trato con los alumnos, les daba seguridad y confianza y hacía que aprendiesen directamente de las cosas.
            Ya egresado de la escuela, casado y prematuramente viudo, Bolívar vuelve a encontrarse con su Maestro Simón Rodríguez, no en Venezuela, sino coincidencialmente en París. Juntos, entonces, recorrieron varios países de Europa. Confrontaron sus ideas, leían, estudiaban, y pensaban siempre con fricción y a la luz de otras realidades en los pueblos colonizados de América. Y estando en Italia, Roma, ocurrió algo maravilloso, profético, Bolívar juró ante dos grandes testigos, el Monte Aventino y su maestro, romper las cadenas que oprimían la libertad en América.


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