sábado, 24 de marzo de 2012

EL CACHICAMO



Este noble armadillo es responsable de la fama de Jacinto Convit, descubridor de la vacuna contra la lepra


            Hasta ahora se creía que el noble cachicamo sólo trabajaba para la lapa, pero el científico Venezolano Jacinto Convit descubrió que este desdentado mamífero roedor, tataradeudo del cuaternario Gliptodonte, acepta con pasividad generosa llegar hasta el sacrificio para favorecer la salud del hombre, no obstante que éste ha sido de costumbre su más obstinado depredador.
            Con una coraza de paciencia semejante a las armaduras de los antiguos guerreros, el Cachicamo que durante siglos ha ofrecido también su carne para completar la dieta de nuestros aborígenes y campesinos, se ofrece como “conejillo de indias” ser tubo de cultivo para los experimentos que se hacen con él para dar lugar a una prodigiosa vacuna contra la lepra, el terrible mal de Hansen que ha  marcado al hombre desde los tiempos bíblicos.
            Recordemos a Lázaro el hermano de María y de María Magdalena, resucitado por Jesús cuatro días después de morir a causa de la lepra, y más reciente, al poeta cumanés Cruz Salmerón Acosta muriendo en la playa de Manicuare, aislado del mundo, a causa del mal que hizo amarga y desolada su existencia como profundamente triste su canto azul.  El  azul que  lo consolaba de su hastío y de su soledad inmensa, el azul de la  cumbre lejana, la paz azul de la mañana, el azul del  cielo, el azul del mar, el azul de los paisajes abrileños, el azul de sus líricos ensueños y el azul de los ojos que nunca más contemplaron los suyos.
            La vacuna antileprosa descubierta por el doctor Jacinto Convit, gracia a la extraordinaria capacidad orgánica del armadillo o cachicamo apureño, para incubar el bacilo de Hansen, ha logrado mejorar a los enfermos e impedir el avance de este mal hasta que se convierta en un flagelo del pasado.

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